(Cuándo la terapia de ondas de choque podría no ser adecuada)
Si bien la terapia de ondas de choque es adecuada para un gran número de afecciones —tanto aquellas respaldadas por evidencia científica como las de carácter experimental— y presenta efectos secundarios mínimos, existen algunas condiciones (también conocidas como contraindicaciones) que impiden que esta terapia sea una opción viable.
La terapia de ondas de choque no es adecuada en las siguientes circunstancias:
Si está embarazada.
Si padece un trastorno de la coagulación sanguínea (incluida la trombosis).
Si está tomando anticoagulantes orales.
Si ha recibido una inyección de esteroides en las últimas 6 semanas.
Si lleva implantado un marcapasos.
Si existen tumores en la zona de tratamiento.
Si presenta una infección o una abrasión cutánea en la zona de tratamiento.
Si es menor de 18 años (salvo en el tratamiento de la enfermedad de Osgood-Schlatter).
Asimismo, no es posible realizar ningún tratamiento sobre zonas que contengan aire, como los pulmones o los intestinos.
Por supuesto, esta lista no es exhaustiva; por ello, siempre resulta necesaria la evaluación previa por parte de un especialista. Nuestra experiencia nos indica que existen ciertos tratamientos, afecciones e historiales clínicos individuales que, con mayor o menor probabilidad, responderán mejor o peor a la terapia de ondas de choque; no obstante, en cada evaluación, nuestra prioridad absoluta es la seguridad del paciente.
Cada vez existe un mayor volumen de evidencia anecdótica —proveniente tanto de especialistas de toda Europa como de equipos deportivos profesionales— que sugiere la posibilidad de reducir el plazo establecido en la recomendación actual, según la cual una afección no debe tratarse hasta que haya persistido durante al menos 6 meses. Dado que los riesgos asociados a esta reducción son escasos, algunos pacientes podrían sentirse tentados a explorar este tratamiento de forma más temprana —y algunos especialistas podrían acceder a ello—; sin embargo, la adopción de otros protocolos o pautas de tratamiento conlleva un mayor riesgo asociado.
Cuando imparto ponencias ante los principales organismos del sector, a menudo se me plantea el siguiente ejemplo: «¿Es adecuada la terapia de ondas de choque en el tobillo de una paciente embarazada?». El razonamiento subyacente es que, dada la naturaleza local del tratamiento, este no debería afectar a otras zonas del organismo; no obstante, en este caso concreto, la respuesta debe ser siempre negativa, basándose en un análisis de la relación riesgo-beneficio.
La terapia de ondas de choque cuenta con un historial de seguridad impecable, gracias a que los especialistas se adhieren rigurosamente a las limitaciones y directrices establecidas. Si bien es cierto que, al ampliar los límites de lo convencional, pueden descubrirse nuevos beneficios terapéuticos, la seguridad debe prevalecer siempre como principio rector; en el caso de la población general, las contraindicaciones existentes tienen precisamente esa finalidad: proteger la salud de las personas.
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